11/08/2010

Incubamos el huevo de la serpiente

Posted in Islam, Religión a 09:03 por Andrés Velasco

Aun a riesgo de parecer racista, xenófobo, intolerante, etc., he de decir que no me sorprenden en absoluto las noticias acerca de las mezquitas que albergan actividades orientadas a la promoción o financiación del terrorismo. Una mezquita, no sé cómo lo consiguen los musulmanes, se convierte siempre en un foco de conflictividad, ya sea para el vecindario, para el municipio o para la nación en la que se instalan.

La mezquita es, para el islam, un centro de actividades mucho más trascendental e importante que para el cristianismo una iglesia. La primera acción de los musulmanes establecidos en una localidad es levantar una mezquita como centro social y de instrucción coránica, así como sede de las instituciones islámicas que funcionan (oficial u oficiosamente) incluso en países laicos y donde la religión mahometana no es mayoritaria. Junto al imán, siempre hay un juez o un doctor en la ley islámica.

Dado que, una vez liquidado el califato otomano, en la fe mahometana no hay una autoridad central que dicta cómo han de conducirse los musulmanes, todo el poder lo detentan los ulemas e imanes de las mezquitas locales. Este caudillismo está sólo someramente limitado por la relativa importancia que unas mezquitas tienen sobre otras, o por la jurisprudencia más o menos reconocida emanada de las madrasas más antiguas del mundo islámico, como la cairota Al-Azhar. De modo que un imán podría decir cuantas barbaridades le permita su ignorancia, que para su comunidad local esas barbaridades serán “el” islam.

Este es el mayor problema que hay con respecto al islam: es una hidra con millones de cabezas y millones de bocas, sin que podamos llegar a controlar lo que hablan todas ellas. Así, donde se abre una mezquita, podemos estar dejando que hablen las bocas del extremismo, los imanes que predican la expansión violenta de esa religión, los ulemas que imparten justicia al margen de los juzgados y tribunales nacionales, los niños adoctrinados casi desde la cuna para odiar a todo el que no sigue los mandatos de Mahoma…

Deberíamos preocuparnos cuando se abre una mezquita cerca de nosotros. No sabemos quién va a predicar allí o qué es lo que se va a predicar. Sin embargo, una cosa es segura: toda la intolerancia, todo el odio, toda la violencia, toda la maldad, toda la barbarie que vemos en los talibanes, en los ayatolás iraníes o en los wahabbitas saudíes, están ya contenidos en el propio Corán. A la larga, permitir que esta religión campe a sus anchas en Occidente, aun en sus formas más “moderadas”, es incubar el huevo de la serpiente que sabemos que está destinada a mordernos e inocularnos su veneno.

Y sí, yo también soy contrario a que se levante una mezquita a cien metros de la “zona cero” de Nueva York. A los musulmanes les gusta provocar y luego hacerse las víctimas ofendidas. Es el colmo del descaro.

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