13/07/2010

“Our god grant us the right to bear arms”

Posted in Internacional, Política a 17:32 por Andrés Velasco

Escrito todo junto, sin espacios, es el código de uno de los trucos de un violento videojuego llamado “Grand Theft Auto”. En inglés significa, literalmente, que “nuestro dios nos otorga el derecho a portar armas”. Sin referencias a la divinidad, el texto de este enunciado se puede encontrar en la segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

Hay mucha gente en España que es visceralmente contraria al derecho de los ciudadanos a portar armas de fuego. Para argumentarlo, suelen utilizar las impresiones sobre la inseguridad ciudadana que nos transmite el cine de Hollywood o las series de televisión americanas. También hay quien alude a “estadísticas” (que, en realidad, desconoce) para afirmar que la violencia es mayor en aquellas sociedades donde los civiles pueden llevar armas.

Sin embargo, mucha gente también desconoce que países tan poco proclives a los tiroteos (como Francia, Finlandia, Austria, Canadá, Noruega o la República Checa) tienen reconocido a sus nacionales el derecho a llevar armas, ya sea por razones deportivas o por autodefensa. Y es curioso observar cómo las naciones más restrictivas en esta materia suelen ser también las que menos libertades civiles reconocen: China, Cuba, Corea del Norte… Por su parte, antiguas dictaduras que han transitado hacia la democracia, como Rusia o Japón, han recuperado este derecho para sus naturales.

En el islam, la shari’a reconoce este derecho a los musulmanes, pero no a las demás comunidades religiosas que vivan en un país de mayoría islámica. Las minorías religiosas dan, para el islam, ciudadanos de segunda categoría con derechos disminuidos también en este aspecto.

Como el lector se habrá dado cuenta, yo estoy radicalmente a favor de que los ciudadanos pueden ejercer su derecho a la autodefensa portando armas de fuego. Esto, obviamente, exige algunas precisiones para evitar los males que pudiera originar un abuso de este derecho. Para empezar, se ha de otorgar mediante una licencia expedida por el Estado, responsable subsidiario del mal uso que pudieran hacer de la misma los licenciados.

En segundo lugar, debe haber medios y criterios claros para filtrar a aquellos elementos que, objetivamente, no pueden obtener esta licencia. De entrada, aquellos que tengan antecedentes penales, los inmigrantes (que son, no lo olvidemos nunca, como “invitados” en nuestro país, no dueños del mismo), los que tengan historial psiquiátrico, los retrasados o deficientes mentales y también aquellos que no tienen un nivel mínimo de estudios.

Debería exigirse una formación básica sobre el uso y el mantenimiento de armas de fuego para obtener dicha licencia. Y la concesión de la misma ha de conllevar el compromiso de cumplir con ciertas obligaciones, como serían la guarda y custodia del arma para que no pueda ser usada por menores de edad o por algún sujeto de los colectivos excluidos. La compraventa de armas de fuego ha de estar controlada y llevarse a cabo exclusivamente en establecimientos autorizados, para que se pueda seguir el rastro de la propiedad de un arma desde que sale de la fábrica hasta que deje de estar operativa. Evidentemente, el incumplimiento de estas obligaciones debería llevar aparejado algún tipo de responsabilidad administrativa o penal, según la gravedad de los hechos.

Por lo demás, como digo, estos criterios deberían ser suficientemente claros como para que no quede ningún resquicio a la discrecionalidad del Estado a la hora de otorgar la licencia de armas. Y, por supuesto, encuentro que no hay ninguna razón por la que la petición de dicha licencia deba obedecer a una motivación concreta, fuera de la cual no quepa su concesión. Es decir, justo lo contrario de lo que ocurre en España.

Muchas veces se ha afirmado que un pueblo armado es un pueblo difícil de someter para un tirano. Estoy de acuerdo y creo que la historia así lo demuestra. Y además estoy convencido de que, si en 1936 el pueblo español hubiera dispuesto de este derecho desde que se proclamó la II República, hoy España sería un país muy distinto del que es.

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