07/07/2010

A la victoria gracias a la “bomba uterina”

Posted in Internacional, Religión a 12:16 por Andrés Velasco

Las religiones monoteístas de raíz semítica tienen una afición inmoderada por la natalidad sin control. Tanto el judaísmo como el cristianismo o el islam ven la sexualidad únicamente como un medio para producir el mayor número posible de hijos. Si no se usa con esa función, el sexo debe estar prohibido.

Esto tiene su lógica, porque para que el número de fieles de una religión crezca, sólo hay dos medios: la conversión o la reproducción interna.

El primero de estos medios tiene, hoy día, una validez bastante limitada. En un mundo donde, pese a ayatolás, rabinos, obispos y demás, crece lentamente la aplicación del derecho a la libertad de conciencia, va desapareciendo la posibilidad de obligar a nadie a convertirse a una religión que no desea. La época del recurso a la violencia para que se expanda una religión (evangelizaciones o islamizaciones) parece haber terminado.

De modo que sólo pueden recurrir a lo que Fernando Vallejo llamó la “bomba uterina” en su excelente libro “La puta de Babilonia”. La reproducción sexual al servicio de la causa: hay que tener más hijos que el enemigo para poder vencerle numéricamente.

Esta guerra entre religiones está teniendo una víctima colateral: la sociedad civil laica que no se deja guiar por los preceptos religiosos. Tanto en Europa como en Estados Unidos, los grupos religiosos más sectarios son los que más hijos traen al mundo. A corto plazo buscan ser una minoría demográfica lo suficientemente significativa como para tener un peso político que les permita imponer su visión de la vida al conjunto de la población. A largo plazo, esperan ser la mayoría hegemónica.

Por poner un ejemplo, Kiko Argüello, fundador del camino neocatecumenal, se ufana en decir que sus seguidores tienen tantos hijos, o más, que los musulmanes que viven en España. Presumen de una tasa de natalidad de quintuplica la del país en el que viven.

Quizás en otro momento explique por qué creo que una explosión demográfica es totalmente absurda en pleno siglo XXI, donde la robotización y la tecnología van a ir sustituyendo poco a poco a la mano de obra humana. Sin contar con el agotamiento de los recursos naturales, claro está, ni con la desigualdad en el reparto de la riqueza.

Hoy sólo quiero señalar que ya podemos observar un caso en el que una minoría religiosa, por vía de la bomba uterina, está poniendo de rodillas a la sociedad civil mayoritaria en la que se inserta. Me refiero, como cualquier lector avispado habrá podido adivinar, a los judíos ultraortodoxos (haredim) del Estado de Israel.

Los miembros de esta secta religiosa no trabajan (son mantenidos por el Estado) ni hacen el servicio militar obligatorio para cualquier otro israelí; pero sí tienen derecho al voto y su partido Shas es hoy el tercero más votado, actuando como bisagra para formar o tumbar gobiernos. Tienen una influencia desproporcionada, pero en el futuro van a doblegar aún más a un Estado al que no reconocen plenamente (según ellos, sólo el masiah es quien podría restablecer Israel); todo ello gracias a su descontrolada reproducción.

Al final, para las religiones, todo se reduce al sexo. Pero así, aceptando sus fieles convertirse en un rebaño para ganar mayorías, el sexo se devalúa. Aunque, bien mirado, todo en la religión está orientado a degradar la dignidad humana.

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